Bendito aprendizaje

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Reconozco que soy un enamorado del aprendizaje.

Pues bien, hace unos días preguntaba a un joven graduado, recientemente contratado en su primera actividad profesional, qué y cómo estaba aprendiendo. Le escuchaba encantado y trataba de hacerle preguntas que facilitaran su “caer en la cuenta” del conocimiento que estaba incorporando.

Sintetizo el resultado de su exposición:

  • El primer modo de aprendizaje que reconocía era fruto de acompañar a otros en su trabajo, fundamentalmente jefe y compañeros, observando y escuchando lo que hacían. Precisaba del joven atención e interés para no perder detalle, tomar algunas notas y recapitular al final del día.
  • El segundo, era realizar preguntas sobre todo aquello que le ocurría a lo largo de la jornada. Requería por su parte curiosidad y valentía para afrontar el riesgo de salir de sí mismo, vencer la vergüenza y reconocer su ignorancia.
  • El tercer modo, hacer, actuar, imitando a otros o inventando sus caminos cuando no sabía cómo proceder. Aquí necesitaba echar mano del coraje y de la resiliencia para perseverar en el intento y no dejarse vencer por las dificultades.
  • Por último, valoraba como un aprendizaje muy positivo el acompañamiento de su jefe y los comentarios que le trasladaba en determinados momentos, especialmente tras las entrevistas con clientes. Aquí tenía que acoger con apertura y humildad la evaluación de su jefe, viendo en ella un bien para su desarrollo.

Echando mano de los clásicos pensé… “Nada nuevo hay bajo el sol” (Eclesiastés, 1 9).

Un joven con poquísima experiencia laboral había identificado con certera intuición algunas de las herramientas de desarrollo más potentes, que los expertos han bautizado en inglés como job shadowing, open questions, learning by doing y feedback.

Constaté, además, cuantas competencias y virtudes se ponen en juego, facilitan y potencian los procesos de aprendizaje. Y, cómo no, la vital vinculación entre aprendizaje y juventud.

¿Qué has aprendido hoy?

Miguel Gómez de Agüero

 

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